Las multitudes se reducen.
Los precios también.
Los días se alargan y se calientan.
Las mañanas en Petra antes de las nueve
siguen siendo agradables.
El amanecer en Wadi Rum es extraordinario —
luz dorada, sin viento, silencio total.
Hacia mediodía llega el calor.
Salida temprano, comida larga a la sombra,
regreso a última hora de la tarde.
Para quien no le importe
adaptar su horario —
mayo y junio ofrecen algo poco común:
los mismos lugares, con mucha menos gente.