Aquí fuera, nadie responde al papel que intentas interpretar.
Este lugar no espera nada de ti — nunca lo ha hecho.
Al principio, notas cuánto sigues actuando. Incluso solo.
Luego te pillas deteniéndote a mitad de una reacción — como si ya no encajara contigo.
Luego eliges algo — y lo dejas así.
Al final, dejas de preguntarte quién deberías ser. Y empiezas a notar quién ya eres.